martes, 28 de julio de 2015

Garza Real (Ardea cinerea)




EL PROTAGONISTA
La Garza Real es la más grande de las ardeidas que podemos encontrar en la Península Ibérica. Con su color grisáceo, su gran tamaño y su típico vuelo, es prácticamente inconfundible. 

En época de reproducción el plumaje ofrece más contrastes entre gris, blanco y negro, el pico se vuelve más rojizo y a los adultos les aparecen dos plumas negras alargadas en la cabeza a modo de cresta. Fuera de esta época el plumaje es menos contrastado en general y el pico amarillento.

Con cerca de un metro de longitud, 1,70m de envergadura y hasta 2kg de peso, es uno de los pesos pesados de nuestras zonas húmedas y no suele pasar desapercibida, a pesar de su forma sigilosa de obtener alimento.

Su silueta en vuelo, con el cuello doblado en forma de "S" y las patas estiradas, típico de las ardeidas, puede llegar a confundirse con la de otras garzas, sobretodo la Garza Imperial (Ardea purpurea), pero el tamaño la delata.



Aunque la mayor parte de su dieta la compone el pescado, la Garza Real es una oportunista que también cazará anfibios, pequeños mamíferos o pollos de otras aves si se ponen al alcance de su afilado pico. Complementa su dieta con cangrejos, grandes insectos e incluso plantas. 

Su principal técnica de caza consiste en recorrer zonas poco profundas lentamente y al acecho de cualquier posible presa, pudiendo llegar a quedarse completamente inmóvil. Una vez localizado el objetivo, atacará con un rapidísimo movimiento de su largo cuello, arponeando a la presa con el pico.


En la Península es un ave frecuente, con poblaciones nidificantes en los grandes ríos (Duero, Tajo, Guadalquivir...) y humedales (Delta del Ebro, Albufera y Doñana). En otros puntos como el Delta del Llobregat no es raro ver parejas reproductoras.

En invierno, además, debemos sumar parte de la población europea, ya sea de paso hacia África o eligiendo nuestro territorio como zona de invernada. En esta época es frecuente encontrarlas en casi cualquier zona con agua: ríos, humedales, canales, arrozales o playas en toda la Península.

En época de reproducción prefiere bosques de ribera y sotos donde colocar los nidos, aunque también puede hacerlo en juncales. Generalmente anidan en ruidosas colonias mezcladas con otras especies.

A mediados de febrero, macho y hembra empiezan a reconstruir el nido del año anterior, aportando ramas a una plataforma hecha a base de ramas y troncos y tapizada con hierbas y hojas.





La puesta media es de entre tres y cinco huevos de un color azul claro-verdoso. Ambos adultos incubarán los huevos durante unos 28 días. A los pocos días de nacer, los pollos ya son capaces de hacer pequeñas excursiones por los alrededores del nido, pero seguirán dependiendo de sus padres hasta aproximadamente los 50 días de vida.


Momento de la ceba a un pollo que está a punto de dejar el nido



CONSERVACIÓN
Por norma general son las poblaciones del norte de Europa las que más desplazamientos migratorios (o más largos) realizan, eligiendo zonas más cálidas del Mediterráneo o África para pasar el invierno.

En la Península se estima una población residente de unas 6.000 parejas, de las 250.000 europeas. Principalmente se distribuyen en las cuencas de los grandes ríos y humedales, aunque poco a poco van colonizando parte del norte peninsular y Canarias. En invierno, gracias al gran número de aves migratorias es posible encontrarlas en casi cualquier punto donde haya presencia de agua.



Aunque algunos consideran a la Garza Real "enemiga" de los pescadores por "competir" con ellos, la tendencia de la población es positiva y se encuentra en fase de expansión. Entre las amenazas a las que se enfrenta con mayor frecuencia encontramos la desecación de humedales, la escasez de zonas aptas para la reproducción y, cómo no, la construcción indiscriminada en zonas costeras.




Es importante luchar para conservar las pocas zonas húmedas que quedan en el país, ya que se trata de auténticos oasis para muchos animales (especialmente aves) que las utilizan para reproducirse o pasar el invierno. Zonas como el Delta del Llobregat, fuertemente presionado por el aeropuerto del Prat, la Zona Franca, el puerto y las poblaciones de los alrededores... y que actualmente ocupa una extensión ridícula comparada con la que tenía hace 2.000 años.

De la protección de estos últimos reductos depende el poder disfrutar de la presencia de especies fuertemente ligadas a la presencia de agua, y que nos permiten observar escenas tan estéticas como esta pelea entre dos ejemplares de Garza Real en los últimos días de actividad en la pequeña colonia del Estany de Cal Tet:








LA FOTO
Todas las fotos que aparecen en esta entrada están hechas en el Delta del Llobregat, un espacio natural acosado por el desarrollo de las ciudades de alrededor, pero que aún permite alguna pequeña escapada donde disfrutar de la Naturaleza (entre el ensordecedor sonido de los aviones que aterrizan y despegan en el aeropuerto).
Todas las fotos están hechas desde los hides distribuidos por los diferentes estanques, que nos brindan la oportunidad de ser espectadores del espectáculo sin ser vistos.
Aunque no es mi zona preferida, sobretodo por el ruido constante de los aviones y unos horarios en que se desaprovechan las mejores horas de luz para los fotógrafos (recordemos que la mayoría de zonas son recintos cerrados), el Delta del Llobregat permite hacerse una idea de lo que es un humedal relativamente sano, y debería ser una visita obligada para todos los que vivimos en los alrededores.
Además, su terreno casi sin desniveles permite disfrutar cómodamente de algo tan de moda como el running o un simple paseo tranquilo en bici.



Como última foto he elegido otra más de la secuencia de la pelea, de la lucha por la supervivencia... una supervivencia en la que lamentablemente serán nuestras decisiones las que hagan caer la balanza de un lado u otro.

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